domingo, 18 de marzo de 2007

Innovar o innovar, esta es la cuestión

En todos los foros económico-empresariales se habla de la necesidad y la cultura de innovar como forma de competitividad y a veces simplemente de subsistencia. Parece ser que hoy en día la única salida viable para las empresas es la innovación.
A lo largo de toda la historia, las empresas han puesto en el mercado nuevos productos o han mejorado los anteriores, también han desarrollado nuevos procesos de producción, de distribución o de comercialización. Sin embargo nunca antes las empresas han afrontado tantos retos y con una obligación de respuesta tan rápida. Los cambios que se producen en nuestro entorno modifican las conductas empresariales. La estrategia de la empresa ya no se diseña analizando el entorno, sino viviendo el entorno y asumiendo su carácter sistémico.

Cuando hablamos de innovación, casi siempre pensamos en la tecnología como detonante del cambio que perjudica a unas empresas o posibilita las innovaciones de otras. La tecnología está afectando profundamente a los procesos y productos (bienes y servicios) empresariales. Las tecnologías de producción, las nuevas energías, los nuevos materiales, las tecnologías de la información y las telecomunicaciones, las tecnologías ligadas al medioambiente,...provocan, sin duda, “big-bang” sectoriales que dinamitan el orden establecido y conforman uno nuevo.

Pero no solo es la tecnología la variable que enciende la mecha de la innovación, sino que los cambios sociales, los demográficos y la globalización inciden de forma creciente en todas las organizaciones. El mundo está cambiando y esto es obvio, pero también lo es que lo está haciendo a una velocidad como nunca antes había sucedido.
En España el 27% de las empresas son innovadoras (datos INE 2006) y el 15,55% de sus ventas son debidas a productos nuevos o sensiblemente mejorados. Sin embargo España aún dista mucho de ser un líder de la innovación en Europa. La región española más innovadora según el European Innovation Scoreboard es Madrid, que ocupa el puesto 31 de un total de 208 regiones europeas analizadas. Por lo tanto aún nos queda mucho camino por recorrer e incidir en aspectos tales como el número de trabajadores en la economía del conocimiento, la industria de tecnología media y alta, el apoyo público a la I+D, las patentes, la formación continua, los servicios de alta tecnología o los servicios de investigación y desarrollo.

Además existen múltiples barreras a la innovación, que iremos viendo en sucesivos post en este blog, pero sin duda la más importante se resume en las aportaciones que Niccoló Maciavelli hizo siglos atrás refiriéndose a la innovación:“Nada más difícil de emprender ni más peligroso de conducir que tomar la iniciativa en la introducción de un nuevo orden de cosas, porque la innovación tropieza con la hostilidad de todos aquellos a quienes les sonrió la situación anterior y sólo encuentra tibios defensores en quienes esperan beneficios de la nueva”.

¿Les es familiar?

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Es cierto que la innovación o la cultura de innovar se ha convertido en los últimos años en una cuestión de supervivencia. Pero también está sucediendo que la presión de los cambios demográficos, sociales, culturales y especialmente tecnológicos, ha sumergido a ciertas compañías en continuos procesos de desarrollo de nuevos productos y servicios, que en la mayor parte de los casos no aportan los frutos esperados (de hecho más del 90% de los nuevos lanzamientos no resiste ni un trimestre los estrictos rigores del lineal).
Así la innovación, si no es soportada por una correcta planificación, en la que intervengan todos los departamentos o áreas estratégicas de la compañía, se convierte en la mayoría de los casos, en una hipersegmentación del mercado, multiplicando por siete los productos que atienden un mismo segmento y elevando los costes de producción y de marketing a niveles insospechados para los accionistas (aunque conviene señalar que en ocasiones esta estrategia obedece a un merchandising de defensa puesto en marcha por algún líder deseoso de agotar a sus perseguidores, como sucede con Danone por ejemplo -echen un vistazo detenidamente al lineal de yogures-).
Por este motivo, y salvo que usted quiera seguir los pasos de Leonardo da Vinci (lo cual también es muy loable aunque tremendamente costoso, salvo que disponga de algún mecenas) resulta necesario decir sí a la innovación, pero no sin antes evaluar las decisiones estratégicas de su compañía (genérica, segmentación, posicionamiento y funcional). A continuación reflexione acerca de las siguientes cuestiones ¿está alineada su estrategia empresarial con su estrategia de innovación? ¿los frutos esperados de la innovación se enmarcan dentro de su posicionamiento o el de sus marcas? ¿cómo aportará valor la innovación al cliente final y cómo lo hará a su empresa o a su marca? ¿podrá cautivar un nuevo segmento de clientes al que antes no alcanzaba? Complicado, ¿verdad? Pero sin embargo posible (vea el caso de Huggies Pull-Ups) y, sin duda infinitamente más rentable, salvo que como antes decía, sea usted un discípulo de Leonardo...

Madelon dijo...

Felicidades por el nuevo blog, me ha gustado mucho este último post. Apuntar que las empresas todavía identifican innovación principalmente con tecnología, lo cual no es de extrañar viendo la trayectoria de la científica política nacional (e internacional), y que las innovaciones no tecnológicas empiezan a recibir mayor atención en este nuevo período financiero 2007-2013 (véan por ejemplo el Programa InnoEmpresa). Espero que el blog sea fructífero. Saludos cordiales.

Juan Vicente García Manjón dijo...

En tu comentario abordas conceptos claves para que la innovación sea eficaz y se obtengan los frutos esperados por quien la promueve. Cierto es que los recursos con los que contamos son escasos y que deben ser atribuidos a proyectos de innovación ganadores. La innovación parte de un hecho creativo, pero si esta no llega al mercado se queda en invención y aveces ni eso, tan solo en una idea. Pero bien es cierto que la innovación debe ser planificada partiendo de las necesidades del mercado, implicando a toda la empresa y encuadrada con la estrategia de la misma.

Juan Vicente García Manjón dijo...

Gracias Madelon por tus comentarios de ánimo, son bienvenidos y se agradecen de corazón. Intentaremos abordar aspectos de la innovación ligados a la tecnología pero sin olvidar la innovación organizativa, las nuevas formas de comercialización y de distribución,... El programa Innoempresa bien vale un post ;), lo analizaremos en breve.
Saludos

Jose L. Marin dijo...

Respecto a la conversación que inició el primer cometario yo añadiría que aunque intentar emular a Leonardo en principio no parezca retable, si puede responder a una estrategia calculada no sólo de agotamiento de los competidores. No todas las organizaciones cuentan con la creatividad, inteligencia y tiempo para calcular cuál va a ser el siguiente killer-product, especialmente en mercados maduros. Pequeñas innovaciones (mucho más fáciles de conseguir) en gran cantidad de productos forzando un menor time-to-market es una forma de apuesta en la que el 10% que sí que resiste en el mercado puede hacer que compense ese 90% de "innvaciones fallidas".

Javier dijo...

Las ideas no duran mucho. Hay que hacer algo con ellas.
Santiago Ramón y Cajal

Jose L. Marín dijo...

A veces las ideas surgen en sitios donde no se puede hacer nada con ellas, bien porque no se dispone de recursos o simplemente porque no son útiles. Un enfoque "abierto" de los procesos de innovación permite que las ideas no se desperdicien y que puedan "saltar" de unos entornos a otros y obtenerse la máxima utilidad de las mismas. Por desgracia, Don Santiago no disponía de Internet para comunicarse e intercambiar sus ideas.